Recopilación: El Arte Desplazado (En proceso...)

Aquí una recopilación de las reflexiones a modo de ensayo. Iré incorporando textos poco a poco hasta que quede una entidad completa. Al igual que me pasa con la pintura y el dibujo, me cuesta empezar un texto desde el principio y seguir hasta el final. Voy creando por bloques que se van quedando incompletos y los voy rellenando.

INTRODUCCIÓN: El Arte Desplazado.

Aristóteles observó que hay seres que tienen naturaleza propia y otros no. Otros imitan. Hay seres vivos y seres sin vida.

Después de reflexionar durante un tiempo sobre esto, llego a pensar que uno de los motivos por el que nos sentimos tan poco identificados con el "Arte de Galería" es porque hemos olvidado las conexiones reales entre nosotros los humanos y el resto de seres vivos. Estamos inadaptados a nuestro entorno y eso nos ha llevado a olvidar el valor de la vida y a dejar de sentirla en su plenitud. Me he dado cuenta de que la mayoría de estos artefactos que nos rodean, están tan desvinculados de nuestra naturaleza que por mucho que los contemplemos no los disfrutamos. Nos cuesta tener empatía con ellos, nos resulta difícil identificarnos. En definitiva, nos aburren.

Por eso quisiera hablar aquí sobre lo desplazado que se encuentra el ser humano de su verdadero entorno y puede que esto nos ayude a entender un poco mejor nuestra condición. Yo al menos he visto las cosas más claras. No tengo la solución definitiva, (menos mal, así mantengo viva mi curiosidad) pero me alegra seguir caminando y poder compartir estas observaciones con el resto. Así que, si te identificas con lo que lees, podemos caminar en esta tarea como dos individuos perdidos en el caos y si no responde a ninguna pregunta existencial, al menos estaremos compartiendo algo. 

Lo que yo creo y lo que quiero decirte es que el hombre siempre crea en función a lo que él es, a lo que ha visto. Sólo copia. Y con el tiempo hemos nos hemos ido pareciendo a lo que nos rodea. Y lo que nos rodea cada vez está más lleno de elementos que no sienten, no padecen, no se reproducen y tampoco se transforman: Nos tratamos como paredes, edificios, automóviles, ordenadores... Y gran parte de nuestro entorno está construido por seres así. Esto ha dado como resultado una falta de armonía con el entorno que dificulta ese placer sensorial o espiritual que tanto nos enriquecía en otros tiempos. Cada vez es difícil encontrar elementos que nos hagan sentirnos bien con nuestro alrededor. 

Se trata fundamentalmente de una cuestión de adaptación. Para que un ser vivo pueda adaptarse a su entorno, necesita mimetizarse, camuflarse... En eso consiste la adaptación. ¿No? Desde pequeño lo he creído así. Cuando era niño y me llevaban a algún colegio nuevo con personas desconocidas, mi interés se basaba en permanecer ahí como algo que no desentonara. Quería camuflarme, integrarme en esa masa, adaptarme a la nueva sociedad cuyas normas compartían todos cómodamente. A veces conseguía integrarme y estar a gusto, pero otras veces no, y entonces el choque de identidades generaba conflictos de muy diversos tipos. Y el conflicto no es tan dañino como uno piensa, ya que a menudo, es a partir de un conflicto cuando aflora la creatividad.

A mí me gustaría ser siempre como ese niño que intenta adaptarse y encuentra momentos reconfortantes y otros más conflictivos, pero claro, no es posible. Con la madurez vamos adoptando maneras de ver el mundo que un niño no retendríamos. Estas ideas nos condicionan el día a día.

Por ejemplo, si salimos un día a la calle, veremos que nuestro entorno está desnaturalizado. Y esto es porque, por muy superior que se crea la especie humana, es la única que no ha sabido adaptarse a su entorno, y lo lógico es que esa frustración sirva de motivación para destrozar violentamente lo que tenía a su alrededor para que pudiera luego sentirse dueño de algo. 

Se da por hecho que toda esta necesidad de adaptarse a las cosas, de formar parte de ellas, de estar ahí y de sentirse en la época y en el mundo real, es necesaria en la actitud de un artista. Pero el inconveniente surge cuando el entorno y la sociedad no se corresponden para nada con el individuo que está viviendo allí. Ya lo dijo Krishnamurti: "No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma"

¿Cómo localizar entonces las consecuencias de la falta de adaptación? ¿Cómo saber si realmente estamos adaptados o no? ¿Debe seguir el artista adaptándose a la sociedad? ¿No sería preferible estar inadaptado? Son preguntas que me voy formulando día a día, y se me ocurre pensar que a lo mejor, como digo, atendiendo a la ubicación de los elementos que nos rodean, podemos sacar ciertas conclusiones. Estas conclusiones, por la formación que yo tengo, las aplico a mi campo, que es el de las artes, pero estoy convencido de que pueden resultar útiles también en el campo de la psicología, la educación o incluso la filosofía. 

1. Orden natural

En el primer caso, la naturaleza dispone sus elementos de manera ordenada atendiendo a formas orgánicas y de gran complejidad. Pero es una complejidad relativa, ya que pueden expresarse en una fórmula matemática que tiene relación con las curvas. Estas formas naturales no aparecen exclusivamente en el contorno de los seres vivos, también son formas que aparecen en las galaxias, en los planetas, en las montañas, en olas del mar... Y esas curvas podrían usarse también para definir la frecuencia y la amplitud de onda de los sonidos, se podría medir la intensidad de la luz, y además, esas curvas también definen el movimiento de los planetas alrededor del sistema solar. Son curvas que permiten el movimiento fluido y natural de los seres vivos. Los ríos, las nubes, el fuego, los planetas, las dunas; y por supuesto, también las serpientes, los lagartos, las setas, los caracoles... Es decir, los seres vivos.

Si identificamos estas formas naturales y conseguimos dibujarlas, nos daremos cuenta de que casi todos los dibujos tendrían un predominio de la línea curva. 

 2. Orden impuesto

En el segundo caso, el ser humano se organiza con un esquema rectilíneo y generalmente ortogonal. Los ejemplos más claros están en ciudades como Barcelona y New York. La ventaja es que de este modo circula información más nítida y clara, el inconveniente es que, al contrario que en la naturaleza, no dan margen a la casualidad. Satélites, ciudades modernas, azoteas, suelos, mesas, armarios, puertas, ventanas, paredes, techos, libros, cajones, folios... Prácticamente todo lo que hemos creado es rectilíneo.

Si identificamos estas formas artificiales y conseguimos dibujarlas, nos daremos cuenta de que casi todos los dibujos tendrían un predominio de la línea recta

Pero claro, hay excepciones. La botella de agua que tengo delante, por ejemplo, tiene la boquilla redonda. Es así porque si fuera cuadrada no podría girar el tapón para abrirla y cerrarla. Y es que los contornos curvilíneos, por lo general, son así porque de este modo permiten que haya movilidad. Así que vuelvo a ojear a mi alrededor y veo de nuevo las ventanas y descubro que también hay bisagras con articulaciones circulares, y los pomos de las puertas también lo son, y las ruedas de un coche que suena de fondo tiene ruedas que giran. Mi lamparilla de noche, con sus tornillos... Existen curvas en las creaciones humanas, no nos vamos a engañar, y cuando aparecen creaciones curvas, por lo general aparecen para que haya movimiento. Por eso pienso que sin la línea curva, no hay movimiento. Esto no significa que todo lo que sea curvo se mueve, sino que todo lo que se mueve necesita un contorno curvilíneo.

En resumen, no es difícil imaginar por qué la mayoría de los contornos de los seres naturales son curvilíneos: Porque allá donde haya vida, habrá movimiento. Y no es posible el movimiento sin la curva. De hecho no conozco a seres vivos que no se muevan. ¡Hasta las plantas se mueven! Son lentas, pero se mueven. Estos sistemas de distribución de elementos que planteo de entrada, cumplen un fin común, que es la instauración del orden (Me ha venido a la mente la imagen de un hombre entre rejas). El hombre, por lo general, tiende a la rectitud. A imponer. No destaca por su comportamiento fluido, tampoco acostumbra a adoptar el carácter acuoso de la naturaleza. Y aquí utilizo "el hombre", haciendo distinción de género, no como generalización. 

¿Fascinante, verdad? Reconocer la adaptación de los seres a su contexto a partir de los contornos que los definen. Ahora entiendo por qué Nietzsche escribió aquello de: “Todo cuanto se extiende en línea recta miente (…) Toda verdad es curva, y el tiempo es un círculo"

Cuando llegué a esta manera de ver las cosas, me propuse continuar redactando los pensamientos sueltos que me llegaran, trataría de ordenarlos de alguna manera y así sería más fácil llegar a las últimas consecuencias. En aquel tiempo estaba estudiando mi primer año de arquitectura técnica y decidí cambiar de carrera con la excusa de que no me gustaba hacer líneas rectas. Supe, y no de manera cerebral, sino impulsiva, que mi verdadero destino estaba en el otro lado. Me pasé al lado oculto de la creación humana. Después, el tiempo me dio la razón, y ahora me dedico felizmente a hacer lo que me gusta, que son las curvas.   

Cuando entré en Bellas Artes, durante los primeros años de carrera venía con la intención de desarrollar estos conceptos en mi producción como artista. En clase de Historia del Arte, aplicaba los conceptos que acabo de describir y me daba cuenta de que los pintores del Barroco optaban por representaciones de un estilo muy vivo, con aglomeraciones de seres vivos, todos revolviéndose entre ellos como una masa llena de luces y sombras intensamente contrastadas. Me resultaba algo apasionante, y todavía hoy me lo parece. Mientras que en el otro lado, los artistas vanagloriados que vinieron más adelante (Mondrain, Kandinsky, Picasso...), encontrábamos la primera manifestación de esa la falta de conexión que Ortega y Gasset definió como arte deshumanizado. Ellos pintaban estructuras firmes, rígidas, impositivas.

Me daba la sensación de que estas coincidencias me sugerían que mi intuición no iba desencaminada. No obstante, para que mi suposición (o si se prefiere, mi hipótesis), pasara a convertirse en una conclusión (o una tesis), me quedaba mucho camino por recorrer. El primer paso era formular la pregunta que quería responder de manera clara y concisa: ¿Es posible que la falta de conexión con nosotros mismos se deba al ubicarnos en el interior de las ciudades y rodearnos de ángulos picudos y rígidas líneas rectas? 

Yo siempre respondo que sí, no me hace falta demostrarlo, pero la ciencia, que ya parece estar dando sus últimos coletazos, necesita demostrar con ejemplos y experimentos certezas claras. Certezas demostrables. Sinceramente, no hace falta investigar mucho. Hemos sido cruelmente despojados de la naturaleza, y hemos perdido nuestra conexión con el mundo. Y el Arte, en consecuencia, se ha desplazado de su propio origen, de su conexión con su nacimiento. Se ha perdido.

Esta introducción quiero que sirva fundamentalmente para entender qué tema voy a tratar. Nuestro entorno y su influencia en los procesos creativos.

Antes de seguir, y para terminar con este apartado, os aseguro que el mayor reto al enfrentarme a este escrito ha sido ordenar todas las ideas de modo que se pudieran leer cómodamente y de manera fluida. En otras ocasiones me aventuré a hacerlo y los resultados fueron nefastos. Lo intenté hacer como si fuera una tesis doctoral, pero dio un resultado infumable. Ni siquiera yo era capaz de leer lo que había escrito sin resoplidos de hastío entre medias. Comencé también a ilustrar las ideas, haciendo un diseño algo más atractivo y gráfico, pero el resultado final, a mi parecer, quedaba algo desnudo y un poco ridículo.

Como podéis comprobar, no me siento una persona resolutiva a la hora de contar historias de manera ordenada. Mi cabeza funciona de una manera impulsiva y caótica. Con el tiempo he ido aceptando que funcionar así tiene algunas ventajas, y como es natural, otros inconvenientes. Para que el lector pueda entender en qué dirección va mi discurso y para sugerirle el objetivo al que quiero llegar, he tenido que hacer un esfuerzo mental inusual. Probablemente no sea un hilo conductor férreo y sin fisuras, pero es la mejor manera en la que he podido contar esto. 

Lo que planteo es una lectura más cercana, más cotidiana, más humana. Y esta manera de abordar el viaje tiene sus pros y unos contras. 


-Lo bueno de haber hecho dibujos de esas ideas es que puedo volver a repetirlas y contarlas con una mentalidad más clara. 

-Lo malo, es que esto que estás leyendo ni es estrictamente una investigación, ni es un libro de ilustraciones. Es literatura gris. Pero a día de hoy no encuentro literatura de otro tono. Así que me limitaré básicamente a dar mi opinión sobre lo que nos afecta el entorno y sobre sus consecuencias en nuestra conducta, que en mi caso, es una conducta que busca crear constantemente. 

Más allá del dogmatismo académico, me decantaré por ordenar cronológicamente las ideas como si sucedieran a lo largo de un día normal en mi vida. Parece más lógico prestar mayor atención a una persona que te cuenta lo que le ha sucedido a lo largo de un día, que escuchar a un tipo que empieza a soltar conceptos por la boca como si eso fuera a interesar a alguien. 

Voy a empezar entonces este relato, o como se quiera llamar, desde el momento en el que voy a al supermercado. Después traeré la compra a casa, me haré la comida, luego me pondré a escribir, después me iré a trabajar, volveré a casa, cenaré y me iré a dormir para soñar un rato.

Así voy a dividir las secciones de este texto. 

1. EN EL SUPERMERCADO

Vamos a suponer entonces que ya he entrado en el supermercado. Entramos como si fuera un templo sagrado y todo será más fácil de sentir.

Dentro del supermercado, las necesidades elementales como la nutrición se disfrazan con luces artificiales, suelos lisos y relucientes. Los carteles con colores chillones y tipografías estridentes nos embelesan. Todo está perfectamente ordenado en secciones, en envases... Naturaleza dentro de un plástico, o de una lata metálica, o de un tetrabrik. Vemos animales descuartizados con códigos de barra, frutas y verduras alteradas genéticamente, pesticidas; frutos secos, tostados y fritos. Hay de todo. Es una especie de bosque plastificado y perfectamente delimitado por la necesidad de consumo humana.

Creo que cuando pisamos el suelo de un supermercado no somos conscientes del verdadero mundo en el que hemos entrado. Ese suelo era un pedazo de tierra virgen que ha pasado a ser propiedad de una entidad comercial. Y la finalidad de ese comercio es vender productos que han nacido en la tierra gratuitamente para cambiarlos por dinero, que no dejan de ser papeles que en función a la imagen que lleven impresas, tienen un valor u otro. 

Si un extraterrestre viniera a visitarnos y sacara conclusiones de aquí, este apartado lo pasaría por alto. Yo tampoco lo entiendo bien, y en cambio estas instalaciones a las que acudimos diariamente son las que nos mantienen vivos. Caminamos por los pasillos rectos y atravesamos otros pasillos ortogonales. Como autómatas elegimos lo que vamos a ingerir. Después, pasamos por caja, depositamos un billete en las manos de la cajera y ella nos da monedas y un papel. Luego nos llevamos la compra a casa y la ponemos en la encimera de la cocina.

Te das cuenta, al abrir la ruidosa bolsa de plástico de que había un trébol misterioso pegado a la bolsa. Quizá al depositar las bolsas en el suelo, la hierba mojada se pegó allí. 

Podríamos interpretarlo como una señal. Si viéramos un trébol y nos parásemos a contemplarlo, a mirarlo con mimo, con entusiasmo y con pasión, descubriríamos los secretos que tiene guardados para nosotros. 

1. Analizando un trébol

1. Analizando un trébol

Podríamos también analizarlo con líneas rectas para establecer un orden que a nosotros nos interese. Por ejemplo, para inscribir ese trébol en el interior de la figura geométrica, he unido los vértices del rombo con los vértices de las hojas. Realmente no tiene mucha complicación, y después, en la tercera imagen, si trazamos una línea que vaya del vértice superior al inferior, obtenemos una línea (AB) que podría servir como eje de simetría del trébol. Es decir, la línea nos indica el eje central del trébol y además nos dice que lo que pasa a la izquierda es muy parecido a lo que pasa a su derecha. Digo my parecido porque no existe una simetría perfecta en los seres vivos. De hecho, para demostrar que la simetría perfecta genera una sensación extraña a nuestra percepción, he realizado una imagen que representa un trébol perfectamente simétrico (el último). Esa silueta no es tan natural como en el primer caso. Es probable que en un primer vistazo apenas se aprecie, pero si miramos con atención, ese trébol está hecho con el ordenador, duplicando la parte de la izquierda y superponiéndola a la derecha en sentido inverso. Así queda más artificial, como de plástico, y en mi opinión es menos bonito.

La base, como podemos comprobar en la figura dos, es rectilínea. Dicho mejor, hemos creído que el rombo coincide con el trébol y hemos impuesto una manera de analizar seres vivos con figuras geométricas rectilíneas sin tener en cuenta ni siquiera el contorno. Sobra decir que no soy el primero en hacerlo, estos experimentos también los han hecho los críticos de la Gestalt para analizar obras de arte, y al hacerlo, han reducido la totalidad del cuadro a unas simples líneas, olvidándose de conceptos, de colores, de iluminación, de espacios, de expresiones... Y así fue fue como Mondrian, Malevich y autores que manejaban únicamente líneas rectas, encontraron un nicho en el mercado del arte a principios del siglo XX. 

Esta idea de analizar la forma de los seres vivos fue uno de mis objetivos durante mis primeros años de carrera, y el proyecto, ambicioso, quedó inacabado por mis facultades limitadas y mi voluntad distraída. También leí por ese tiempo libros como "Arte y Percepción Visual", de Rudolf Arnheim, que analizaba las estructuras de las pinturas, y me desmotivó comprobar que un análisis desmedido en el control de la forma provocara el olvido de lo esencial, que es la fuerza de la narratividad, del concepto humano. 

No hay que olvidar tampoco que las representaciones gráficas, ya sean fotografías, pinturas, dibujos, estampas... Necesitan una estructura muy firme para emitir el mensaje con claridad, al igual que lo hacen los seres vivos. Para expresar emociones, los músculos necesitan situarse sobre un cráneo perfectamente formado. Y aunque la forma no sea lo único importante, hay que tener ese aspecto en consideración. Después de varios análisis que presentaré a lo largo del texto, llegué a algunas conclusiones importantes:

-Una de las cualidades de los seres vivos es la simetría casi perfecta.

-Otra característica de la creación natural es que crecen en movimiento curvilíneo.

-En los seres vivos, normalmente existe un punto de interés en el que convergen todas las líneas del contorno. 

Este trébol sobre la encimera ya ha cumplido su función. Así que lo tiramos a la basura y seguimos abriendo la bolsa de plástico para ver lo que hemos comprado. 

En efecto, lo que hay dentro son seres naturales. Nuestro museo ideal está más cerca de lo que creíamos. Si adorásemos tanto a los seres vivos como a las obras de Arte, vendríamos tan contentos como si hubiéramos llegado de una subasta. En los alimentos vemos curvas, esferas imperfectas, fragmentos hiperbólicos, texturas, etc. Lo que me interesa de momento es la manera en la que estas formas se van amoldando al espacio, me interesa el misterio de la creación que parte de la nada y permite que en los propios cuerpos se vayan creando como por arte de magia, que vayan formando también cuerpos ligeramente asimétricos, llenos de colores diversos, y lo más misterioso de todo, que sean cualidades provocadas por la vida... Es asombroso eso. 


Aquí puedes dejar de leer. A PARTIR DE AQUÍ ES TEXTO TODAVÍA SIN INCLUIR. 

Piña, pomelo, plátano....

SUEÑOS

todo lo que hemos visto a lo largo del día se nos queda de alguna manera grabado en el inconsciente, y las creaciones más verdaderas salen de ese manantial infinito lleno de imágenes, de colores, de formas, de conceptos, de sentimientos, de sonidos y de historias. Sacando de allí estos elementos, obtenemos un estilo que nos define como autores. De hecho, este es otro de los motivos por los que creo que esta redacción tiene sentido. Creo que de alguna manera, al menos a mí, me ha incentivado a comprobar y a analizar los lugares en los que me encuentro para localizar y ampliar nuestras capacidades creativas. 

LOS ELEMENTOS (naturales)

Antes comenté que no todos los seres naturales tienen que pertenecer al reino de los vivos. También están los elementos, que no tienen ADN. Los elementos naturales contienen lo esencial de la naturaleza viva. Creo que la similitud formal que hay entre un remolino de agua y un remolino de aire no es fortuita. Y creo también que las leyes que permiten la formación armoniosa de una concha de caracol, son las mismas que permiten que haya equilibrio entre los planetas de una galaxia. Esas formas, esas trayectorias que se van generando, así como esos contornos que van creciendo y amoldándose al espacio, son consecuencia de esas energías que generan elementos bellos. 

El hecho de que ninguna de las formas elementales se presente en línea recta, es una observación que ya he mencionado, pero en ella quiero profundizar más adelante. Ahora empezaré a hablar de la belleza de los seres más básicos, que aunque no parecen tener viva, dada la ausencia de ADN, al menos contienen características esenciales de las especies vivas.

AGUA

No obstante, merece detenerse un rato en las características del agua. De los elementos naturales, este de aquí, en concreto, acapara mi interés con un magnetismo especial. Se dice que el agua es símbolo del espíritu y creo que no es una idea descabellada pensar así, pues insisto en que el agua es necesaria para que haya vida. Y además de su relación con el plano espiritual, creo que también hay un componente formal, es decir, el agua es materia, con formas, contornos, masa, peso, volumen, etc. Las plantas se mueven, y los animales también. Creceremos, respiraremos y en definitiva, nos moveremos para permitir que sigamos existiendo. Y durante todo ese tiempo el agua estará circulando por nuestro interior. El estudio de este elemento nos permitirá ahondar en los auténticos secretos de la belleza.

Si Aristóteles propuso ya esta división que he mencionado entre seres naturales y no naturales, quisiera mencionar algo que también me llamó mucho la atención cuando estudiaba filosofía en el colegio. La idea de que Platón dividiera el mundo en dos partes me dio una visión un poco más clara del mundo. Suena un poco bíblico eso de dividir el mundo en dos, y es que si hablamos de crear, en algún momento tendrían que aparecer analogías con el Génesis. Él decía que por un lado se encontraría el mundo de las ideas (la idea del bien, de la verdad, de la belleza, de la matemática...) y en la otra parte estaría el mundo sensible, terrenal, tangible, el mundo que puede ser percibido por los sentidos, y que además es cambiante y temporal. No es necesario posicionarse a favor o en contra de estas teorías. No hay rivalidad entre ellas, básicamente son dos visiones que nos ayudan a continuar en nuestra labor de analizar formas. La visión de Platón tiene que ver más con la búsqueda de la perfección, son formas que se reducen a fórmulas sencillas, más mentales, más matemáticas; y en cambio, las ideas de Aristóteles parecen algo más terrenales, formas más complejas y orgánicas y que en ocasiones imitan o intentan adoptar esas formas platónicas. A esta última concepción aristotélica se le dio el nombre de hilemorfismo. 

Antes de ponerme a hablar de las formas geométricas más complejas, vamos a probar con un ejemplo sencillo, como puede ser un trébol.