Sobre la credibilidad del formato.

Entiendo formato como el modo en el que se presenta algo.

Es decir, un programa de televisión tiene un formato, y no tendrá el mismo formato un programa de entretenimiento que uno de noticias. Un disco de Vinilo tiene otro formato de presentación, que es diferente al CD o al mp3. Lo mismo un periódico o un libro. También un vídeo y una web. Y así podríamos poner un ejemplo detrás de otro, pero la idea creo que ha quedado clara. 

Lo que quiero destacar del formato es que viene con una serie de prejuicios. Cuando una persona ve las noticias, si el presentador va enchaquetado de tal modo, si los focos iluminan bien y el tono de la información es sereno, neutral, informativo, entonces la noticia es más creíble. Predispone al espectador a escuchar con una actitud determinada. Lo mismo sucede cuando un artista expone en una feria de Arte, el espectador ya atiende con una predisposición que viene condicionada por el formato en el que se presenta, independientemente del mensaje que haya.

Esto es un arma de manipulación masiva.

Personalmente, cada vez me creo menos lo que aparece en los medios. Sea el medio que sea. No me creo lo que dicen en publicidad, ni lo que dicen en las noticias, ni en la radio, ni en la televisión, ni siquiera en internet. Tampoco me creo que un disco de vinilo sea mejor que un CD, pero sin querer me condiciona el formato, y trato con más cariño un vinilo que un CD. Es algo inevitable, solo porque se presenta en un formato sofisticado y persuasivo. La delicadeza con la que se saca el disco de la carátula, la atención con la que uno se vuelca en la música, desde la primera canción hasta la última, con su pausa intermedia para voltear el vinilo a modo de ritual. Eso no sucede en un CD, o en Spotify o iTunes.

Esta reflexión viene porque encontré entre mis archivos un vídeo que se grabó hace dos años. Era una una entrevista que me hicieron en televisión. Estuve haciendo la entrevista unas dos horas y algo, pero seleccionaron fragmentos que al resumirlos en pocos minutos, mi versión de los hechos se tergiversaba, dando un mensaje que me situaba en el paro durante casi cinco meses (y que quede entre nosotros, yo nunca me he apuntado al paro, cuando no tenía trabajo, lo buscaba sin más).

¿Y si con esa información que me han dado doy mi propia versión de los hechos? La caída del imperio televisivo se solucionan con guerras, como cualquier crisis. Y el enemigo que quiere la televisión es internet (en el fondo todos queremos enemigos), y es un oponente peligroso, porque internet es libre, sin jefes, y en él reina un humor ilimitado.

Seguiré a lo largo de la semana, pero hoy es sábado, así que a disfrutar del solecito y a vivir con ganas.

¡Saludos!

Luimmi