El carácter creativo.

El carácter determina la conducta de las personas, incluso de un pueblo, y en ocasiones sucede que se confunde el carácter de una persona con su intransigencia. De hecho, es habitual ver a gente que justifica un comportamiento agresivo de alguien después de haber montado un numerito: "Ay, cariño, es que tienes mucho carácter". Bien, a la falta de dominio no se le llama carácter. Al que no sabe controlar sus impulsos se le llama energúmeno.

¿Qué es el carácter entonces?

Aldous Huxley definió el carácter como "una voluntad fuerte dirigida con una conciencia tierna". Y si el carácter tiene algún interés para mí, es porque creo que puede influir en la capacidad para ser más creativos. De esta definición que nos da Huxley se deriva que el carácter va estrechamente ligado a "la voluntad" y "la ternura", y creo que la creatividad funciona de la misma manera. En mi caso, crear es un deseo consciente, un acto delicado. Y esta definición tan bonita como imprecisa, me sirve para dar entrada al artículo y para encontrar otra definición más apropiada a mi gusto, ya que las definiciones (soñé una vez) deben ser como las estrellas fugaces: breves, precisas y reveladoras.

¿Qué es el carácter entonces? Creo que si acudimos al significado etimológico de la palabra, encontramos un matiz que puede ayudarnos a encontrar una definición más clara. Resulta que los griegos denominaban "Kharaktein" al acto de imprimir una marca con un hierro candente al ganado, siendo el significado original de carácter "el que hace marcas". Y esa idea del mito genial y temperamental, triste, fuera de quicio y atormentado, ya se nos queda anclada a nuestra memoria colectiva y nos resulta difícil desligarnos de ella. Más aún cuando la noción del genio creativo va tan vinculada a la imagen de una persona guiando a un ganado sin rumbo: Napoleón, Picasso, Bob Dylan... Nadie se atrevería a decir que estos personajes históricos no tienen carácter. Una persona con carácter, deja marcas. De momento es una de las cosas que tenemos claras. Y que no se me malinterprete, esas marcas no son marcas físicas, sino espirituales, psicológicas.

Recuerdo un hombre de avanzada edad al que se le murió su mujer. Al no poder asimilar una vida en soledad, comenzó una rutina que consistía en ponerse un cubo de metal en la cabeza y dar golpes en una pared con un palo mientras gritaba cosas que solo él parecía entender. Repitió este procedimiento durante meses, no faltó ni un día a la cita, hasta que un día se dejaron de escuchar sus gritos y sus golpes y ya nadie volvió a verlo por allí. Los vecinos, siendo incapaces ahora de asimilar ese silencio repentino, se preguntaban qué habría sido de él. Tardaron poco en descubrir que había muerto y sin duda, dejó una huella en los que presenciaron ese episodio.

Es una historia real que ilustra cómo alguien puede dejar una marca imborrable en la memoria. ¿Pero qué diferencia hay entre Napoleón y él? Yo diría que lo único que les diferencia es la compañía. Y me explico. El carácter, que viene definido por las emociones y en la manera en la que respondemos a un suceso, depende también del ambiente que nos rodea, de las personas que nos acompañan. Un ambiente social que nos permita expresar esas emociones, permitirá que nuestro carácter se desarrolle de manera natural. Una respuesta que salga de nuestro interior, directamente y sin bloqueos, ayudará a definir nuestro carácter con más claridad y además tendrá un efecto positivo en nuestra salud, ya que no habrá impulsos reprimidos y estresantes que desencadenen una enfermedad.

Así que el carácter, aunque influye en gran parte, no depende solamente de nuestros sentimientos y de nuestra capacidad de reaccionar frente a un estímulo, sino que depende también de lo que nos permite el entorno. Y sea como sea el entorno, esa actitud con la que respondemos a un suceso, no es más que una expresión humana. Por eso digo que el carácter y la creatividad van estrechamente ligados, y por eso digo también que la repercusión que tienen nuestras acciones dentro de la sociedad, determinan la fuerza de nuestro carácter. Y también por esto que acabo de decir, pensamos que Napoleón, Picasso, Bob Dylan y el protagonista de la narración tienen carácter: Porque la compañía sobre la que dejaban marcas ha respondido cambiando la percepción sobre determinados conceptos.

Así pues, el carácter es una cualidad humana que consiste en expresar reacciones frente a estímulos o sucesos y es por eso que define nuestro modo de ser.

También podríamos ponernos a definir la creatividad, pero ya hablamos de eso en esta otra entrada. Lo que comparten la creatividad y el carácter, es la capacidad de expresión.

De aquí se deduce la importancia del carácter para determinar nuestra identidad, precisar el grado de influencia en el entorno social y concretar qué capacidad tenemos para generar nuevas creaciones que nos permitan replantearnos el funcionamiento saludable de la sociedad.

¡Saludos pseduofilosóficos!


Luimmi