¿Para qué sirve dibujar?

El otro día me preguntaron para qué servía dibujar, y no supe qué responder.

Quizá la soledad del artista visual venga de esa falta de comprensión a la hora de tener que expresarnos con el lenguaje hablado. Ahora puedo decir que nuestros dibujos son una ventana a nuestro mundo interior. Nos dicen sin palabras lo que sentimos, nos desvelan cómo nos relacionamos con el mundo y nos ubican en el lugar exacto en el que nos encontramos. Por eso creo que para dibujar no hace falta ni siquiera un lápiz y un papel. En cierto modo, este texto también es un dibujo.

Lo único necesario para dibujar es un lugar donde sentarse y observar, percibir y sentir el entorno. Me he dado cuenta  de que la misión del dibujo no es el dibujo en sí, sino el mensaje que trae consigo. Nos pide que descubramos que cada elemento del mundo nos da una clave para conocernos mejor. Cuando miras, existes con lo que miras. Y si te das cuenta de eso, entonces puedes conseguir que incluso una foto aburrida se convierta en algo especial.

Así que prueba a dibujar usando solo tu espíritu, sin manos, sin soporte, y verás cómo poco a poco comprenderás que hay un sitio reservado para ti en el que serás íntegramente tú. Dibujar es básicamente eso: "mostrarse y dejarse ver". Lo dice el diccionario.

Muéstrate y déjate ver. Descubrirás con asombro todos los elementos que emiten vibraciones a tu alrededor y sabrás reconocerlas. Eso es para mí dibujar.

Pero para qué sirve.

Bien. Puede servir para decorar mi casa, para decirle a mis padres que les quiero sin usar palabras, para escenificar un mundo de fantasía, para vender productos e ideas, para educar a personas, para ponerme los pelos de punta o para algo más importante: Comer... Pero que a mí me haya servido para eso, no significa que el dibujo sirva para eso.

Creo que cuando uno descubre el valor de su expresión y reconoce su capacidad para conectar directamente con los corazones y las mentes del ser humano, seguir buscando una respuesta a esta pregunta es irrelevante.