La nueva eduación

1.    Situación demográfica. 

La tendencia general demográfica nos prepara un panorama social poco esperanzador para desarrollar una educación que cumpla con las garantías máximas de calidad. Una sociedad en la que nacen cada vez menos niños, en la que aumenta paulatinamente la edad de mortalidad y desaparecen poco a poco diversos puestos de trabajo debido al desarrollo de nuevas tecnologías, supone un reto; el reto de enfrentarse a una educación con una plantilla de profesores cada vez más reducida, más inestable, y que se dirigirá cada vez a un menor número de alumnos. Se generará una mayor competencia entre los colegios y las instituciones tendrán que optar por una mayor diferenciación, que será necesaria para prosperar en dicho oficio.  

Una manera de solucionar esta situación sería formar cada vez más a los profesores, no solo en conocimientos, sino también en habilidades necesarias para el progreso; y otra manera, la de reeducar a la sociedad sobre la necesidad de la educación para el progreso.

2.    Situación del profesor

Es cierto que tendremos cada vez profesores más formados, pero a medida que aumenta esa formación, el reconocimiento social va disminuyendo, ya que las habilidades del profesor están muy alejadas de las que ejercía el maestro de antaño. Es decir, ni los datos recopilados en nuestra memoria, ni la erudición que profesemos en nuestra materia nos servirán para garantizar la educación que el futuro requiere. Esta falta de reconocimiento social queda reflejada tanto en los salarios reducidos que recibimos, como en nuestro rol de autoridad cada vez más cuestionado.

Esta situación genera una inestabilidad permanente que podría solventarse de varias formas: Concretando las nuevas habilidades con las que debe actuar un docente, y aumentado los salarios con los que contamos actualmente.

3.    Tecnología: Implantación y desarrollo

El desarrollo de nuevas tecnologías supondrá un avance en la educación, pero no debemos olvidar la obsolescencia adherida a ellas y el gasto que suponen las actualizaciones de hardware y las renovaciones de material puntero. La velocidad con la que avanzan hay que tenerla en cuenta, ya que si la escuela no está al tanto del avance de los recursos tecnológicos, sus ingresos podrían generar más costes que beneficios. Y dicho sea de paso, no todas las escuelas podrían invertir en tecnologías destacadas, quedándose atrás las de la escuela pública y aumentando así las desigualdades entre las escuelas que sí pueden permitirse este privilegio. 

Podríamos optar por el formato renting para no caer en errores financieros relacionados con esta nueva situación. 


4.    Metodologías y modelos

En el futuro, se implantarán modelos de enseñanza cada vez más internacionalizados. No sabemos lo que pasará con la EVAU y con PISA, pero todo indica a que desaparecerán del panorama educativo. Tiene sentido, ya que la educación va a tener que cambiar sus objetivos. Ya no serán los de memorizar y almacenar información, sino la de entrenar a ciudadanos para incluirlos de manera eficiente en el mercado laboral. Creemos que los nuevos modelos de enseñanza, implantarán metodologías que persigan el objetivo de crear individuos autodidactas. 

5.    Marco Normativo y Legislación

En cuanto al panorama legal, consideramos que el Estado tendrá que adaptarse a un nuevo modelo de enseñanza que seguramente acabará siendo transversal. Más que por asignaturas, se trabajarán destrezas y habilidades, por bloques bien diferenciados, que procurarán sacar el máximo potencial de las diferentes inteligencias múltiples. La Ley de prohibición de dispositivos móviles en las aulas pronto se abolirá. Concretamente, cuando consideren la importancia profunda que tiene educar en el uso adecuado de estas tecnologías. 

En definitiva, el marco legal que rige la enseñanza, en un futuro no muy lejano tendrá que adaptarse a esta nueva situación, generándose cambios muy drásticos frente a lo que conocemos hoy por educar. 

6.    Cultura social y valor emergente

Ya hemos mencionado el comportamiento irrespetuoso y cada vez más habitual que la sociedad muestra frente a la figura del profesor (que en teoría debería considerarse una autoridad). Esta tendencia exponencial da pie a un panorama desolador donde la educación no puede ofrecer las garantías de máxima calidad. No obstante, hay que reconsiderar que si el valor emergente es la tecnología, entonces habrá que formar ciudadanos a partir de las ventajas que obtenemos con el buen uso de esas tecnologías. Implantarlas a ciegas sería una tarea inútil.