Cada vez que algo parece interesante, hermoso, hay un impulso natural que desea capturar ese momento y preservarlo. A día de hoy, bastaría con fotografiar ese instantey retenerlo, pero somos tan propensos a estar tan ocupados sacando la foto, que nos olvidamos de mirar el mundo cuya belleza fue la que nos motivó tomarla. Parece que estos problemas son la consecuencia de llevar diminutos teléfonos en nuestros bolsillos. Pero Ruskin, por ejemplo, ya se dio cuenta de esto justo al comienzo de la historia de la fotografía, cuando la cámara entonces era del tamaño de un reloj de pared.

Él estaba muy impresionado con las cámaras al principio, pero poco a poco creció en él la sospecha de creer que nos impedían observar nuestro entorno. Para tratar de corregir esta ceguera, Ruskin recomendaba que todos nosotros hiciéramos un dibujo, no con la idea de convertirnos en artistas, sino simplemente porque a través del acto de recrear en el papel lo que vemos, lo estudiamos de una manera que nunca hacemos cuando tomamos simplemente una fotografía. Resumiendo lo que intentó hacer en cuatro años de enseñanza en el dibujo, Ruskin escribió:  

"Imaginemos que dos personas van a dar un paseo: Uno es un buen dibujante, y el otro es alguien que no tiene ningún interés por el tema. Ambos van bajando una ruta campestre. En realidad habrá una gran diferencia entre la escena percibida por los dos individuos. Uno al ver el sendero y los árboles, percibirá los árboles, algo de color verde; verá que el sol brilla, y que tiene un efecto alegre. Y eso es todo. Pero, ¿qué va a ver el dibujante? Su ojo está acostumbrado a buscar la causa de la belleza, y penetrar en las partes más diminutas de ella. Él mirará hacia arriba, y observará cómo los rayos de sol subdivididos caen hacia abajo como una llovizna entre las hojas brillantes, notará cómo el aire se llenará de una luz verde azulada. El dibujante va a mirar aquí y allá, verá una rama que sale entre el velo de hojas, el brillo del musgo y de los líquenes abigarrados y fantásticos, verá blanco y azul, púrpura y rojo, todo suavizado y mezclado en una sola prenda, la de la belleza. Luego vienen los troncos cavernosos, y las raíces retorcidas. (...) ¿No vale la pena ver esto? Sin embargo, si usted no es un dibujante, y simplemente pasa a lo largo de la vía verde, cuando llega a casa de nuevo, no tendrá nada que decir o en lo que pensar, sino que bajará por el sendero tal y como baja un carril." 

Uno de los objetivos de este espacio es comprobar que podemos definir el modo en que nos proyectamos al mundo, conociendo el mundo, pero sobre todo, conociéndonos a nosotros mismos a través del dibujo.