Muerte al patriarcado.

Salomé con la cabeza de San Juan

Salomé con la cabeza de San Juan



"Allí donde hay un mito y una deformación del mito, deben estudiarse ambas y debe estudiarse sobre todo la inflexión y el momento de cambio".
GiambaTTista Vico


1. Introducción.

La Historia es relativa porque depende del narrador que la cuenta, y lo que yo creo es que se expresa de forma evolutiva, cíclica y dinámica. Es decir, evoluciona verificándose un retorno de los ciclos, de las crisis y de inicios de nuevas etapas. 

Es en estos puntos de inflexión entre una etapa y otra cuando aparecen las crisis y las revoluciones, y es precisamente en ese lugar donde los creadores generalmente acuden a los mitos para entender un poco mejor la naturaleza humana y reflejar lo que está sucediendo en el mundo.

He querido centrarme en esos momentos en los que las escuelas, el sistema judicial, la iglesia y la familia pierden el control sobre sus súbditos. Cuando la lucha por la supervivencia es tan fuerte que prevalece la desobediencia institucional, se genera tal incertidumbre que el ser humano tiene que recurrir a su ingenio para innovar y sacar el máximo potencial de su creatividad.

Para ver qué momentos de Historia comparten estas características, vamos a acudir a los finales de los siglos XVII, XVIII y XIX. Estaríamos hablando del Barroco, del Romanticismo y del Simbolismo respectivamente.

Mi hipótesis es que en todas ellas se recurre a la representación del mito para comprender mejor el comportamiento humano.

Suponiéndolo así, me gustaría centrarme en un relato bíblico de Salomé para comprobarlo, porque las protagonistas que intervienen en él representan muy bien esa personalidad tan propia de las crisis de finales de siglo, encarnan una lucha contra el poder, y anuncian una nueva etapa más estable y segura.

2. El relato de Salomé.

El relato cuenta que Herodías, la madre de Salomé, impulsada por su ambición de poder, contrajo matrimonio con Herodes Antipas después de divorciarse del hermano de este. Dado que el divorcio iba contra lo prescrito por la ley judía, se ganó inmediatamente el rechazo del pueblo.

Las críticas del profeta San Juan Bautista, quien era considerado por muchos como el Salvador, fueron las que más le molestaron. Por ello mismo la nueva reina ya en el poder mandó encarcelarlo.

Poco tiempo después, su hija Salomé sedujo con la danza de los siete velos a su padrastro Herodes, que agradecido, le hizo el juramento de cumplir cualquier deseo que ella pidiera. 

Salomé atiende a la voluntad de su madre, que quiere la decapitación de San Juan Bautista.

A pesar del amor que la joven Salomé profesaba hacia San Juan, solicita que los guardianes cumplan con su mandato y la cabeza de Juan Bautista encuentra su paradero sobre una fría bandeja de plata.

La escena representa la muerte de lo sacro, de lo divino, pero el llanto de Salomé también la escena del arrepentimiento y de la injusticia, ya que están sacrificando aquello que el pueblo considera sagrado.

Este relato resume muy bien las características esenciales de las épocas a las que hacemos mención: 

  1. La pérdida de las estructuras sociales, manifestadas en el descontento del pueblo.

  2. La crisis del sistema judicial, donde los jueces se comportan caprichosamente.

  3. La pérdida de poder eclesiástico, representado en la muerte de San Juan.

3. Algunos autores partidarios de retomar la mitología clásica.

3.1 En el Barroco

Judith y Holofernes (1599) Caravaggio

Judith y Holofernes (1599) Caravaggio

David vencedor de Goliath (1599)

David vencedor de Goliath (1599)

Salomé con la cabeza de San Juan (1607)

Salomé con la cabeza de San Juan (1607)

Caravaggio, al inicio, interpretó el mito de “Judith y Holofernes” procurando un acercamiento que reflejara bien esa decadencia a la que nos estamos refiriendo.

Recordemos que el Barroco es una etapa en la que el artista empieza a elegir con mayor libertad las temáticas, y los historiadores empiezan a comprobar que la elección de los artistas ayuda a comprender mejor la situación social, económica y política de cada momento.

La iconografía y la simbología del relato de “Judiyh y Holofernes” se aproximan bastante al mensaje que ofrece el mito de Salomé.

El poderoso Holofernes, que estaba preparado para destruir la ciudad de Betulia, entra en su tienda con Judith y cae medio inconsciente por haber bebido en exceso. En ese momento, Judith aprovecha para decapitarlo y se lleva su cabeza en un saco.

Es más fácil de resumir porque son menos personajes los que intervienen, pero la historia viene a contarnos lo mismo: el comienzo del fin de una institución poderosa a manos de una voluntad femenina.

Caravaggio, ese mismo año realiza también una pintura con una temática similar, que es “La decapitación de Goliat”.

La historia de David y Goliat básicamente explica cómo el mejor guerrero de los filisteos, Goliat, se enfrenta al pastor David, que se propone voluntario a derrotarlo con una honda y una piedra y consigue vencerlo con habilidad y astucia.

De nuevo aparece en el mito esa crisis de las estructuras sociales de gobierno que ya había esculpido en mármol Miguel Ángel casi un siglo antes. En ambos casos, las pinturas nos hablan de la fragilidad de las instituciones más poderosas.

No es hasta el año 1600 cuando Caravaggio representa a San Juan Bautista con una oveja sobre sus piernas. Es la primera toma de contacto con uno de los personajes del relato protagonizado por Salomé.

Más adelante, en el 1602 lo representa con una cabra, en 1603 pinta a la sagrada familia abrazando a San Juan, también en 1604 hace dos cuadros en los que aparece San Juan con una manta sobre las piernas, y continuará pintándolo obsesivamente hasta su muerte.

Sin embargo, no es hasta el año 1607 cuando representa por primera vez una escena del relato bíblico de Salomé.

Repite el motivo en 1608 y 1609, ambos cuadros llevan por nombre: “La decapitación de San Juan Bautista”.

Más adelante se desvincula del relato y retoma la representación aislada de San Juan (1608), y el año de su muerte, 1610, vuelve a representarlo tres veces más.

Es manifiesta la importancia que el pintor confiere al mito, pero más evidente aún es la dedicación que confiere el pintor a la figura profética con la que parece sentirse identificado.

Considerando a Caravaggio el precursor del tenebrismo y uno de los autores más importantes del Barroco, cabe destacar que su obsesión responde a una necesidad histórica de la que parece no poder escapar.

3.2 En el Romanticismo

Un caso más cercano en el tiempo es el de la etapa romántica.

Los románticos abandonan los logros de la razón y la ilustración, y recurren a una “nueva mitología”. En su “Dialéctica de la Ilustración” (1944), Adorno y Horkheimer sostienen que:

Desde siempre la Ilustración en su sentido global de pensamiento progresista ha tenido el objetivo de liberar al hombre de sus miedos y declararlo dueño y señor. […] El programa de la Ilustración era el desencanto del mundo. Quiso deshacer los mitos y derrotar la imaginación a través del conocimiento.

Es por eso que en esta etapa no vamos a encontrar tantas referencias concretas al mito de Salomé. En cambio, sí que encontraremos una defensa a ultranza del papel que juegan los mitos.

Nietzsche crea al personaje Zaratustra inspirado en la figura de Jesucristo proclamando la muerte de Dios, resaltando la supremacía del vitalismo humanista y recuperando a Baco y a Apolo para explicar la dualidad de la naturaleza humana.

Existe aquí una necesidad de ver a los protagonistas de los mitos con una mirada nueva y los dioses de la Antigua Grecia renacen, se reincorporan, y sostienen el ideario de las nuevas teorías filosóficas más relevantes de la época, pero quizá todavía es demasiado pronto para volver a ver a Salomé con una nueva mirada.

3.4 En el Simbolismo

L’Apparition (1876) Gustav Moureau

L’Apparition (1876) Gustav Moureau

Salomé (1891), Beardsley

Salomé (1891), Beardsley

Salomé (1918), Federico Beltrán Masses.

Salomé (1918), Federico Beltrán Masses.

Habiendo digerido ya las propuestas de la mitología alemana, durante la etapa del simbolismo se vuelve de nuevo a los relatos bíblicos clásicos, y la figura de Salomé renace con más fuerza que nunca en varias disciplinas del Arte: La literatura, la música, la ilustración y nuevamente en la pintura.

Mallarmé, a finales del siglo XIX, publicó en una segunda entrega del Parnasse (1869) su poema Herodías, además de otras obras de referencias mitológicas como “La siesta de un fauno” (1876) que retoman de nuevo el carácter simbólico y mitológico. 

El pintor Gustav Moureau, que retoma gran parte de la mitología clásica para incorporarla al lenguaje simbolista, pinta L’Apparition en el año 1876.

Flaubert, publica su novela titulada Herodías dándonos una visión bíblica del mundo antiguo.

Cuando Oscar Wilde escribe Salomé (1891), ya había leído la Herodíades de Flaubert y visto la Salomé de Moreau.

En cambio, parece ser la poesía de Heinrich Heine y la de Jules Laforgue las que más le afectan para crear la obra.

Aubrey Beardsley fue quien se encargó de ilustrar la obra de Oscar Wilde. Además de las ilustraciones, también le dio tiempo a escribir en su corta vida una novela titulada: La Historia de Venus y Tannhaüser, que Wagner tomaría como referencia para su ópera homónima, demostrando que la temática de la mitología estaba bien presente.

Poco después, el 9 de diciembre de 1905, Richard Strauss, hizo su aparición al público la obra titulada “Salomé”. De ella es interesante tomar una de las frases más aclamadas y significativas de la obra y  que diverge con la original del evangelio haciéndola realmente contemporánea. Salomé, después de haber ordenado la decapitación de su amado, se dirige a san Juan encerrado todavía en su mazmorra, y el santo, mirando al cielo (símbolo de la luz divina) hace caso omiso a sus gritos y le dice: "Ah, no quisiste besarme, ahora yo te besaré". 

Venus, Salomé, Herodias… Mujeres divinas al timón de un barco repleto de artistas.

Metafóricamente, tiene una lectura muy peculiar, y es que a pesar de que todos los valores se han perdido decapitados con la voluntad del poder nietzscheana, los ciudadanos, en el fondo de nuestro corazón, vivimos arrepentidos y seguimos amándolos. Y esto no es más que una opinión personal.

A partir de ese momento hay artistas que siguen la estela de Salomé. Federico Beltrán Masses pintó a Salomé en el año 1918. Franciso José Ribas, describía la pintura así:

“Un desgarrador dramatismo y dureza protagoniza esta obra: la bíblica Salomé, de una palidez extrema, con un aullido mudo escenifica el dolor y la desesperación ante la presencia de un esclavo que, en posición sumisa, le ofrece la cabeza de su querido Juan el Bautista. Una mujer rota ante la muerte de su amante; una cabeza en una bandeja… y lo que llamó la atención de la sociedad londinense del año 1929 fue que prácticamente el centro geométrico del cuadro lo preside un pubis femenino, sin vello, casi asexuado, infantil comparado con El origen del mundo, de Gustave Courbet”.

La lectura ya no se centra tanto en la quiebra de las estructuras sociales. Es el origen de la femme fatale, el concepto de la mujer perversa y malvada que destruye lo que se propone usando sus encantos y su sensualidad.

De manera directa este mensaje cala en la sociedad y la mujer se siente afectada, por lo que tomará las riendas para combatir esa imagen usando sus virtudes más poderosas.

3.3 Ejemplos en contra de retomar el mito.

Antes de continuar, debo mencionar que a pesar de todos estos ejemplos citados, Maupassant sostiene que: 

“El hombre de finales del siglo XIX ya no puede creer en las leyendas antiguas y su percepción de lo sobrenatural ha cambiado para siempre, achacando este cambio a los progresos técnicos que han influido fuertemente en el ser humano y en su visión del mundo. El lector ya no es tan crédulo y las supersticiones y leyendas ya no le asustan. Por ello, el autor debe mostrar más sutileza para provocar el escalofrío de inquietud y duda propio del género.” 

Es obvio que siempre habrá opiniones para todo, y las opiniones de Maupassant en aquel momento son las mismas que recibí yo cuando me proponía a pintar mi propia Salomé.

Lo que aprendí de las críticas es que no hay que tenerlas en cuenta cuando no las compartes, y que la mejor manera de llegar a realizar un buen trabajo, es fiándote de tu intuición, siendo perseverante y apasionado.

4.0 Conclusión

Tras todas las lecturas posibles, el S. XXI ha puesto a Salomé en un escaparate cuya lectura escapa ya de la tradición más arraigada. La sociedad rara vez conoce a Salomé salvo por algunas canciones pop que nos incitan a bailar en noches de desconexión.

Si se levantara de la tumba y nos viera, descubriría que su sombra, sin embargo, es mucho más alargada.

Fue ella quien protagonizó la danza de los siete velos, el refrán que reza “la venganza se sirve en frío y en bandeja de plata” sale también de ese relato, la palabra bautismo viene también del personaje del relato San Juan Bautista…

No obstante, cuando esta imagen se presenta durante de la lucha contra el patriarcado, su significado es todavía más poderoso. La imagen puede ser la misma, pero el significado es otro.

En el año 2019, nos habla de la novedad y no de lo arcaico; nos habla de un deseo por acabar con cualquier tipo de opresión machista. Es un alegato que nos invita a desobedecer a la divina justicia, precisamente porque está actuando de manera injusta.

Esta pintura, en definitiva, es la manera más sincera que tengo para manifestarme frente a lo que sucede en el tiempo de hoy, y también para hablar de lo que ya pasó en otro tiempo.