Relectura simbólica del relato bíblico “Salomé” en la Actualidad.

Este fue un trabajo que hice en el año 2009 como uno de los proyectos finales de carrera. Lamentablemente la pintura se perdió, pero he vuelto a pintarla hace poco. Espero que disfrutéis.

Salomé con la cabeza de San Juan

Salomé con la cabeza de San Juan



"Allí donde hay un mito y una deformación del mito, deben estudiarse ambas y debe estudiarse sobre todo la inflexión y el momento de cambio".
GiambaTTista Vico


1. Introducción.

La Historia es relativa porque depende del narrador que la cuenta, y lo que yo creo es que se expresa de forma evolutiva, cíclica y dinámica. Es decir, evoluciona verificándose un retorno de los ciclos, de las crisis y de inicios de nuevas etapas. 

Es en estos puntos de inflexión entre una etapa y otra cuando aparecen las revoluciones y las crisis, y es justo ahí cuando los creadores más representativos de cada época han acudido a los mitos para entender un poco mejor la naturaleza humana y reflejar lo que está sucediendo en el mundo.

A mí personalmente me interesa centrarme en esos momentos en los que las instituciones de poder pierden el control sobre sus súbditos (iglesia, núcleo familiar, escuelas, sistema judicial), porque es en esa incertidumbre cuando el ser humano innova y recurre a su creatividad para poder llevar su vida con dignidad y autonomía.

Si acudimos a los finales de los siglos XVII, XVIII y XIX, estaríamos hablando del Barroco, del Romanticismo y del Simbolismo respectivamente. Todos estos puntos de inflexión, a excepción del racionalismo propio de la Ilustración, coinciden con que son etapas llenas de fantasía en las que se recurre al mito para comprender mejor el comportamiento humano. Borges sostiene que en las etapas barrocas, “el arte exhibe y dilapida todos sus medios”. Y luego añade que dichas etapas se entienden como “un ejercicio de vanidad”.

Siendo así, me gustaría centrarme en un relato bíblico de Salomé, porque las protagonistas que intervienen en él representan muy bien esa personalidad tan propia de las crisis de finales de siglo.

2. El relato de Salomé.

El relato cuenta que Herodías, la madre de Salomé, impulsada por su ambición de poder, contrajo matrimonio con Herodes Antipas después de divorciarse del hermano de este. Como el divorcio iba contra lo prescrito por la ley judía, se ganó inmediatamente el del pueblo.

Las críticas de San Juan Bautista, símbolo de la esperanza sagrada y divina, fueron las que más le molestaron. Por ello mismo la nueva reina ya en el poder mandó encarcelar al predicador.

Poco tiempo después, su hija Salomé, símbolo de mujer atractiva, decadente y perversa, sedujo con la danza de los siete velos a su padrastro Herodes, que agradecido, le hizo el juramento de ofrecerle cualquier deseo que ella pidiera. 

Salomé no atiende a su voluntad, sino a los deseos del poder de su madre, que quiere la decapitación de San Juan Bautista. A pesar del amor que Salomé profesaba hacia San Juan, los guardianes obedecen y la cabeza de Juan Bautista encuentra su paradero sobre una fría bandeja de plata. Ante el miedo de escuchar la verdad del pueblo, los mandatarios obedecen al rey y decapitan al predicador, es decir, al portavoz de la palabra sagrada. A la verdad.

La escena representa la muerte de lo sacro, de lo divino, pero el llanto de Salomé también la escena del arrepentimiento y de la injusticia. El sacrificio de lo sagrado.  .

Este relato, por tanto, resume muy bien las características esenciales de las épocas a las que hacemos mención: 

  1. La pérdida de las estructuras sociales y educativas”, que se refleja cuando Salomé que establece conversación con la cabeza de San Juan, en un plano de tú a tú.

  2. La crisis del sistema judicial”, en el que Herodías, que al verse ciega de poder, ordena lo que se le antoje sin pensar en las consecuencias.  

  3. La pérdida de poder eclesiástico”, se personifica en la muerte de San Juan. Ya que nadie escuchará su palabra sagrada. 

Poco después aparece Jesucristo y es entonces cuando el pueblo se vuelca en sus enseñanzas. Pero esa es otra historia de la que hablaremos en otro momento.

3. Algunos autores partidarios de retomar el mito.

3.1 En el Barroco

Judith y Holofernes (1599) Caravaggio

Judith y Holofernes (1599) Caravaggio

David vencedor de Goliath (1599)

David vencedor de Goliath (1599)

Salomé con la cabeza de San Juan (1607)

Salomé con la cabeza de San Juan (1607)

Caravaggio, al inicio, interpretó el mito de “Judith y Holofernes” procurando un acercamiento que reflejara bien esa decadencia a la que nos estamos refiriendo. La iconografía y la simbología del relato se aproximan bastante a las de Salomé. El poderoso Holofernes, que estaba preparado para destruir la ciudad de Betulia, entra en su tienda con Judith y cae medio inconsciente por haber bebido en exceso, tal y como hizo Herodes antes de jurar a Salomé cualquier deseo. En ese momento, Judith aprovecha para decapitarlo y se lleva su cabeza en un saco. Son menos personajes los que intervienen, pero la historia viene a contarnos lo mismo: el fin de una institución poderosa a manos de una voluntad perversa.

En el mismo año realiza también una pintura con una temática similar, que es “La decapitación de Goliat”, cuya historia por todos conocida viene a simbolizar de nuevo esa crisis de las estructuras sociales de gobierno más poderosas. Lo hizo casi un siglo después de que Miguel Ángel esculpiera en mármol la misma escena y vuelve a hablarnos de la fragilidad de las instituciones más poderosas.

No es hasta el año 1600 cuando Caravaggio representa a San Juan Bautista con una oveja sobre sus piernas. Es la primera toma de contacto con uno de los personajes del relato. Más adelante, en el 1602 lo representa con una cabra, en 1603 pinta a la sagrada familia abrazando a San Juan, también en 1604 hace dos cuadros en los que aparece San Juan con una manta sobre las piernas, y continuará hasta su muerte retomando al personaje como motivo principal de sus obras.

Después de varios intentos, no es hasta el año 1607 cuando representa por primera vez una escena del relato bíblico de Salomé, repitiendo el motivo en el 1608 y 1609: “La decapitación de San Juan Bautista”.

Más adelante se desvincula del relato y retoma la representación aislada de San Juan en el 1608, y tres veces más en el 1610.

Es más que evidente la importancia que el pintor confiere al mito, especialmente a la figura profética que encuentra una pronta muerte.

Considerando a Caravaggio el precursor del tenebrismo y uno de los autores más importantes del Barroco, cabe destacar que su obsesión responde a una necesidad cultural de la que parece no poder escapar.

3.2 En el Romanticismo

Los románticos abandonan los logros de la razón y la ilustración, y recurren a una “nueva mitología”. Adorno y Horkheimer, en su “Dialéctica de la Ilustración” (1944), sostienen que:

Desde siempre la Ilustración en su sentido global de pensamiento progresista ha tenido el objetivo de liberar al hombre de sus miedos y declararlo dueño y señor. […] El programa de la Ilustración era el desencanto del mundo. Quiso deshacer los mitos y derrotar la imaginación a través del conocimiento.

Es por eso que en esta etapa no vamos a encontrar tantas referencias concretas al mito de Salomé. En cambio, sí que encontraremos una defensa a ultranza del papel que juegan los mitos, Nietzsche crea al personaje Zaratustra inspirado en la figura de Jesucristo proclamando la muerte de Dios, resaltando la supremacía del vitalismo humanista y recuperando a Baco y a Apolo para explicar la dualidad de la naturaleza humana. Existe aquí una necesidad de ver a los protagonistas de los mitos con una mirada nueva y los dioses de la Antigua Grecia renacen, se reincorporan, y sostienen el ideario de las nuevas teorías filosóficas más relevantes de la época.

3.4 En el Simbolismo

L’Apparition (1876) Gustav Moureau

L’Apparition (1876) Gustav Moureau

Salomé (1891), Beardsley

Salomé (1891), Beardsley

Salomé (1918), Federico Beltrán Masses.

Salomé (1918), Federico Beltrán Masses.

Habiendo digerido ya las propuestas de la mitología alemana, se vuelve de nuevo a los relatos bíblicos clásicos, y la figura de Salomé renace con más fuerza que nunca en varias disciplinas del Arte, como la literatura, la música, la ilustración y nuevamente en la pintura.

Mallarmé, a finales del siglo XIX, publicó en una segunda entrega del Parnasse (1869) su poema Herodías, además de otras obras de referencias mitológicas como “La siesta de un fauno” (1876) que retoman de nuevo el carácter simbólico y mitológico. 

El pintor Gustav Moureau, que retoma gran parte de la mitología clásica para incorporarla al lenguaje simbolista, pinta L’Apparition en el año 1876.

Flaubert, publica su novela titulada Herodías dándonos una visión bíblica del mundo antiguo.

Cuando Oscar Wilde escribe Salomé (1891), ya había leído la Herodíades de Flaubert y visto la Salomé de Moreau. En cambio, parece ser la poesía de Heinrich Heine y la de Jules Laforgue las que más le afectan para crear la obra, y Aubrey Beardsley fue quien se encargó de ilustrar la obra de Oscar Wilde. Además de las ilustraciones, también le dio tiempo a escribir en su corta vida una novela titulada: La Historia de Venus y Tannhaüser, que Wagner tomaría como referencia para su ópera homónima, demostrando que la temática de la mitología estaba bien presente.

Poco después, el 9 de diciembre de 1905, Richard Strauss, hizo su aparición al público la obra titulada “Salomé”. De ella es interesante tomar una de las frases más aclamadas y significativas de la obra y  que diverge con la original del evangelio haciéndola realmente contemporánea. Salomé, después de haber ordenado la decapitación de su amado, se dirige a san Juan encerrado todavía en su mazmorra, y el santo, mirando al cielo (símbolo de la luz divina) hace caso omiso a sus gritos y le dice: "Ah, no quisiste besarme, ahora yo te besaré". 

Metafóricamente, esto significa que a pesar de que todos los valores se han perdido (decapitados con la voluntad del poder), los ciudadanos, en el fondo de nuestro corazón, vivimos arrepentidos y seguimos amándolos. 

Y aunque llegó un poquito más tarde, Federico Beltrán Masses pintó a Salomé en el año 1918. Franciso José Ribas, describía la pintura así:

“Un desgarrador dramatismo y dureza protagoniza esta obra: la bíblica Salomé, de una palidez extrema, con un aullido mudo escenifica el dolor y la desesperación ante la presencia de un esclavo que, en posición sumisa, le ofrece la cabeza de su querido Juan el Bautista. Una mujer rota ante la muerte de su amante; una cabeza en una bandeja… y lo que llamó la atención de la sociedad londinense del año 1929 fue que prácticamente el centro geométrico del cuadro lo preside un pubis femenino, sin vello, casi asexuado, infantil comparado con El origen del mundo, de Gustave Courbet”.

3.3 Ejemplos en contra de retomar el mito.

A pesar de todos estos ejemplos, Maupassant sostiene que: 

“El hombre de finales del siglo XIX ya no puede creer en las leyendas antiguas y su percepción de lo sobrenatural ha cambiado para siempre, achacando este cambio a los progresos técnicos que han influido fuertemente en el ser humano y en su visión del mundo. El lector ya no es tan crédulo y las supersticiones y leyendas ya no le asustan. Por ello, el autor debe mostrar más sutileza para provocar el escalofrío de inquietud y duda propio del género.” 

Es obvio que siempre habrá opiniones para todo, y las opiniones de Maupassant en aquel momento son las mismas que recibo hoy por parte de los que están en el poder, es decir, los profesores. 

4.0 Conclusión

Estas opiniones, si bien son atendidas y escuchadas, no tienen por qué ser necesariamente compartidas. Los mitos que represento en mi trabajo, no solo se presentan para “asustar”, o “provocar el escalofrío de inquietud”. Hay una lectura más profunda de la imagen que permite reconciliar estilos y comprender nuestra época a partir de las otras.

Hay muchos ejemplos de autores que representan escenografías mitológicas. De hecho, en la exposición de ARCO del año 2009, tenemos ejemplos como Yagües, Antonio Gadea, Manolo Páez, Salvador Conesa, el círculo pompeyano (en el que también se incluye al pintor Jesús Herrera)... Y también fuera de las galerías hay pintores que apuestan por esta temática. 

De todas maneras, dado el escaso de población, los referentes contemporáneos podrían ser no más que una evidencia de que en este período puede encontrarse cualquier cosa que busquemos.

Es evidente que las instituciones que dirigen a la sociedad están perdiendo fuerza y que llega otra época más luminosa y centrada en valores nuevos que tendremos que aprender a manejar y a reinterpretar. Pero en clase parece que resulta incómodo aceptarlo.

Por todo esto, creo que independientemente de lo que yo esté realizando como alumno, lo único que puede validar mi trabajo es la confianza en mi criterio, la paciencia, la humildad, la constancia, la pasión en la actividad y mi empeño. 

No obstante, no es eso lo que se valora en una universidad como esta. Comprendo que durante un curso académico la calificación atienda a otras condiciones medibles. 

En este caso concreto, se me pedía también que redujera mis expectativas y concretara un tema exclusivo para desarrollarlo a lo largo de este curso. Al inicio no supe hacerlo y eso trajo consigo una reducción en la actividad y una escasez en la producción. Pero no fue por falta de interés, sino de preparación. Opté finalmente concretar mi proyecto en este trabajo que presento, porque prefiero ser honesto y no perder la confianza en mi criterio que obedecer a lo que se me pide que haga. 

Después de realizar este trabajo de investigación, veo que mi paciencia continúa intacta y mis ganas de trabajar siguen en la misma línea. Espero que esta reflexión ayude también a que pueda pintar con la misma energía que encontraba antaño y que las instituciones, por fin, me den finalmente el beneplácito para continuar con la trayectoria que quiero seguir.

Muchas gracias.


Suspendí, por cierto.